5 ago. 2009

Maria Rovira homenajea a Nijinsky en Barcelona

Como la de otros tantos grandes artistas a los que su genialidad les mostró su cara más amarga, la carrera de Vaslav Nijinsky sólo duró diez años. Tras diagnosticársele esquizofrenia, el bailarín tuvo que renunciar a la danza clásica y abandonarse más de tres décadas a sanatorios de toda Europa.

Sin embargo, aquellos diez años en activo dejaron huella no sólo en la alta sociedad de principios de siglo, que nunca antes había visto semejante portento, sino también en los anales de la danza; ni siquiera Nureyev -el que fue llamado a ser su sucesor- logró el entrechat royal más largo de la historia -cruzaba los pies en el aire hasta diez veces- ni desafiar a la gravedad como Nijinsky lo hizo.

Sus dos facetas más recordadas -su don y su enfermedad- son las que ahora recupera y analiza la coreógrafa Maria Rovira para devolver la danza y su «El salto de Nijinsky» al Romea. «Puro baile y movimiento» para reflexionar sobre las obsesiones de la persona y los roles del bailarín. Entre ellos, algunos memorables como el que hizo en «Giselle» o «Sherezade».

Para escenificar este montaje, alabado por investigar el movimiento y no tanto el concepto, Rovira ha elegido a siete bailarines -cuatro hombres y tres mujeres- que tomarán la esencia de Nijinsky para girar en torno al movimiento y al salto, ejes principales del espectáculo.

La idea, desarrollada por la coreógrafa para el estreno del Grec 2007, parte de la fotografía que le fue tomada al bailarín mientras saltaba y cuando ya hacía veinte años que no se dedicaba a la danza. Aquella imagen, particularmente «misteriosa» y desconcertante, conmocionó a Rovira, y hasta hoy también al público.

Fuente: abc.es

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