30 ago. 2009

Selene Muñóz y Alberto Ruíz en Casa Patas



Los bailaores Selene Muñóz y Alberto Ruíz serán los encargados de animar las noches del mítico Tablao de Casa Patas del 31 de agosto al 5 de septiembre.

El programa que nos ofrecerán lleva el título de “OS CONTAREMOS” y se divide en:

- Tangos “No me olvidaré de ti” de Juan Debel
Al baile: Selene Muñóz y Alberto Ruiz
Al cante: Gema Caballero y David Vazquez
Al toque: Luis Miguel Manzanoa
La percusión: Jesús Mañeru
Viento: Diego Villegas

- Bulerías
Al cante: Gema Caballero y David Vazquez
Al toque: Luis Miguel Manzanoa
La percusión: Jesús Mañeru
Viento: Diego Villegas

- Soleá por Bulería
Al baile: Alberto Ruiz
Al cante: Gema Caballero y David Vazquez
Al toque: Luis Miguel Manzanoa
La percusión: Jesús Mañeru
Viento: Diego Villegas

- Tangos de Juan Debel “Se rompe lo que se queda”
Al baile: Selene Muñóz y Alberto Ruiz
Al cante: Gema Caballero y David Vazquez
Al toque: Luis Miguel Manzanoa
La percusión: Jesús Mañeru
Viento: Diego Villegas

- Fandangos
Al toque: Luis Miguel Manzanoa
La percusión: Jesús Mañeru
Viento: Diego Villegas

- Alegrías
Al baile: Selene Muñóz
Al cante: Gema Caballero y David Vazquez
Al toque: Luis Miguel Manzanoa
La percusión: Jesús Mañeru
Viento: Diego Villegas



Lugar:

Casa Patas C/Cañizares, 10, Madrid

Tlf.: +34 913 690 496

Cómo llegar:

Metro: Antón Martín, Tirso de Molina, Sevilla y Sol (Lineas 1, 2 y 3)

Autobus: Lineas 6, 26, 32, 50, 65 y N-14

Horario:

Del 31 de agosto al 3 de septiembre a las 22:30h.

El 4 y el 5 de septiembre a las 21 y a las 24h.

Precio:

31 euros con consumición

http://www.casapatas.com/
http://www.selenemunoz.com/
http://www.myspace.com/selenecoreografa

16 ago. 2009

Diaghilev, el momento dorado del ballet

El creador ruso revolucionó hace ahora un siglo la danza al convertirla en una disciplina integradora de otras artes y propiciar la aparición de grandes figuras.

Hace ahora cien años, el ballet entró en uno de sus momentos más dorados, de la mano del ruso Serguei Diaghilev. Fueron dos décadas de esplendor que marcaron toda una época en el mundo de la danza y definieron toda una nueva forma de creación en la disciplina.

El Renacimiento italiano significó un glorioso resurgimiento de las artes. Durante aquellos siglos en los que se produjo una explosión de belleza, lucidez e ingenio, nació el ballet, que desde ese momento hasta nuestros días ha aportado un importantísimo contenido artístico a la Humanidad. Posteriormente hubo épocas muy fecundas para este arte, como fue el Barroco de Luis XIV en Francia; el Romanticismo, también en esa nación, y el clásico de Petipa, en Rusia, a finales del XIX.

A principios del siglo XX floreció otro renacimiento de las artes que fue conocido como la «era Diaghilev». Éste fue más breve, aunque muy intenso. Duró dos décadas, desde 1909 hasta 1929, fecha en la que muere en Venecia su creador, el ruso Serguei Diaghilev. Este año, para conmemorar el primer centenario de aquel desembarco de los «Ballets Russes» que enriqueció, pero también conmovió, escandalizó y provocó a la capital de Francia, se están celebrando en todo el mundo homenajes a esa «rara avis» llamado Diaghilev, hombre de gran cultura y gusto exquisito.

La simple mención de algunos de los artistas seleccionados por él, es suficiente para comprender por qué esos veinte años son considerados como un «suceso histórico». Aunque en los comienzos la compañía se nutrió prácticamente sólo de artistas rusos: Nijinsky, Pavlova, Karsavina, Fokine, Massine, Stravinsky, Benois, Bakst; pronto se sumaron de otras nacionalidades: Falla, Debussy, Satie, Ravel, Picasso, Miró, Sert, Gris y más rusos Balanchine y Prokofiev. Estas dos listas de excepcionales autores son sólo parciales, pero no por eso son menos apabullantes.

Los «Ballets Russes», como su nombre indica, era una compañía de ballet y, por lo tanto, todo lo que se producía en ella tenía como fin la exaltación de la danza. Si bien es su unión con la música, la pintura y la literatura lo que produce su desarrollo y su culminación. Sin abandonar nunca el ballet clásico, Diaghilev se aventuró en otros campos ya que era un apasionado de la novedad. Así fue como el modernismo, cubismo y surrealismo irrumpieron en sus espectáculos. El impacto de lo que se veía y ocurría en los «Ballets» impulsó de forma notable la renovación en la técnica, el diseño y la estética en todas las artes, incluyendo, de manera exuberante, la moda. Lo que empezó siendo ruso después fue parisino para convertirse en universal.

Lo más sobresaliente del director ruso era la mágica intuición que poseía para descubrir a jóvenes artistas con talentos excepcionales y proporcionarles el patrocinio y el camino adecuados para hacerlos triunfar. En sus producciones, como si de una partida de dados se tratara, podía ocurrir de todo. A veces esa diversidad y combinado de artistas jugaba extrañas pasadas teniendo como resultado insólitas piezas en las que la música o la plástica destacaban en detrimento de la danza. Por ejemplo, en «Parade» (1917), de Massine, con música de Satie; los decorados y el vestuario de Picasso convirtieron este ballet, más bien, en un cuadro cubista en movimiento.

Un año después del debut del grupo ruso en París, Diaghilev descubre a un joven músico llamado Igor Stravinsky, al que encarga composiciones para su compañía. Así fue como las piezas más conocidas del genial compositor: «El pájaro de fuego» (1910), «Petrushka» (1911) y «La consagración de la primavera» (1913), fueron creadas para ser bailadas por los «Ballets Russes».

Nuestras autoridades culturales, una vez más, están ausentes de lo que ocurre en el mundo ya que parecen ignorar la importancia de este aniversario. Y eso que España y su arte no quedarían fuera de este renacimiento del siglo XX. Desempeñó un papel muy importante. Falla y Picasso, por entonces radicados en París, fueron de los primeros españoles que se relacionaron con Diaghilev y su excepcional nómina de artistas. Desde 1916, debido a la guerra que acontece en Europa durante esos años, los «Ballets Russes» realizan frecuentes giras por el territorio español. El rey Alfonso XIII, que asistía a casi todas las representaciones, se autoproclamó «padrino del ballet». Hubo varias realizaciones creadas en nuestros escenarios e incluso otras estrenadas en París con temas como el flamenco.

Pero el gran proyecto con nuestro país se produce cuando Diaghilev, fascinado por la riqueza del baile español, le pide a Falla componer un ballet para su compañía. Así nace «El sombrero de tres picos» (1919), con música del gaditano, coreografía de Leonid Massine y escenografía y trajes de Picasso. La elaboración de este ballet duró varios años, lo que generó interesantísimas anécdotas, reuniones de grandes artistas que visitaron y recorrieron nuestro territorio y situaciones que concluyen en una composición que marcó el feliz encuentro del folclore, la danza y la música española con el ballet. La «era Diaghilev» gracias a la inspiración, gestión, esfuerzo y dirección del genio ruso, fue rica en nombres, éxitos e hitos históricos.

Sin embargo, siempre hay quien tiene dudas. En una conversación en Madrid entre Diaghilev y el rey Alfonso XIII, éste le pregunta al ruso: «¿Qué hace usted en esta compañía? Usted no dirige la orquesta. No baila. No toca el piano. ¿Qué hace usted?». Diaghilev responde: «Majestad, soy como vos. No trabajo, no hago nada, pero soy indispensable». (Efectivamente el ruso era esencial ya que con su muerte se acabó la compañía).

Roger Salas
Fuente: lne.es

11 ago. 2009

Diavolo Dance Theatre en Madrid

Entre la danza y el Circo del Sol
La compañía estadounidense Diavolo Dance Theatre se presenta en Madrid con un montaje que combina baile, acrobacias y malabarismos
JAVIER VALLEJO

"No soy bailarín, gimnasta ni acróbata, carezco de la más mínima flexibilidad y tengo dislexia", dice con desparpajo Jacques Heim, director y coreógrafo de la compañía estadounidense Diavolo Dance Theatre, ante su debú en Los Veranos de la Villa. "Se preguntarán ustedes qué por qué dirijo una compañía de danza. Todo sucedió por error. Nací en París y viajé a Los Ángeles (California) para hacer teatro, pero como mi inglés era pésimo me vi obligado a expresarme con el gesto".

A Heim le gusta ironizar, y quitarse importancia. Algo debe de saber de danza cuando ha cosechado premios en el American Dance Festival y en el Festival de Saitama (Japón), y cuando Robert Lepage le llamó para hacer la coreografía de Ka, el espectáculo permanente que el Cirque du Soleil tiene en Las Vegas. Lo cierto es que sus montajes ocupan un territorio limítrofe. El que estrena esta noche en el escenario de Puerta del Ángel reúne cinco obras donde lo fundamental es la interacción de los bailarines con otras tantas piezas de carpintería o de ingeniería.

En The bench (El banco), la obra que están ensayando mientras Heim habla, ocho bailarines giran caprichosamente en torno a un banco metálico sin respaldo, saltan por encima como fuegos fatuos, se deslizan por él, lo ocupan veloces y son desalojados ipso facto por sus compañeros en una pugna alegre, rápida, vibrante y contenidamente violenta, al ritmo de las palmas de Omar Olivas y Chisa Yamaguchi.

Olivas, de 24 años, que acaba de incorporarse a la compañía, y Yamaguchi, de 25, que lleva sólo un año en ella, protagonizan Knockturne, paso a dos donde el objeto en discordia es una puerta que les separa o se abre de par en par a su historia de amor. El título es un juego de palabras entre knock (golpe) y nocturne (pieza musical de carácter sentimental). "Entré para sustituir al bailarín que lo estrenó, pero Jacques me dijo que yo bailo diferente y me permitió imprimirle un sello propio al trabajo", dice Olivas en español, idioma aprendido de sus padres, mexicanos residentes en California.

El currículo de su partenaire es un ejemplo del eclecticismo reinante en Diavolo. Yamaguchi, hija de japoneses, estudió danza contemporánea, danza balinesa, capoeira, gimnasia, tango y danza del vientre, y ha tenido como profesora a la senegalesa Germaine Acogny.

Pero lo verdaderamente espectacular del programa que Diavolo trae a Madrid son las tres coreografías que pivotan en torno a grandes aparatos o instalaciones escenográficas. En D2R (otro juego: pronunciado en inglés suena como la palabra francesa détour, que significa rodeo) "los bailarines suben y bajan como locos por unas barras metálicas clavadas en un muro, hasta que la repetición adquiere un sentido", explica Haim.

En Humachina, la trouppe hace girar una rueda traslúcida gigante mientras camina sobre sus radios. En Trajectoire, que cierra el espectáculo, la compañía al completo, subida en una plataforma oscilante, versión sintética y tecnológica de un viejo galeón, simboliza el paisaje actual de las relaciones humanas, siempre inestables y movedizas.

"El trabajo de Diavolo está entre la danza contemporánea y el Cirque du Soleil", opina Omar Olivas. Puede ser. A lo que más recuerda, visto el ensayo de The bench, es al teatro gimnástico, deportivo y acrobático de Momix, la compañía del incombustible estadounidense Moses Pendleton. Tirando de ese hilo mucho más atrás podríamos remontarnos a las pantomimas deportivas de Jacques Tati, más sintéticas y sin aparatos.

"Diavolo no cuenta una historia, pero habla de temas omnipresentes: las luchas del ser humano, el caos, la construcción y la deconstrucción, la fe, el amor...", prosigue Heim. "Yo veo la danza a través de la arquitectura. No sé nada de danza. Eso tiene desventajas, y ventajas: no tengo que ajustarme a norma alguna. Mis bailarines son los técnicos que materializan mis ideas. Cuando me dicen: '¡Pero eso es imposible de hacer!', les respondo sistemáticamente: vamos a intentarlo".

Diavolo Dance Theatre.
Escenario Puerta del Ángel. Del 11 al 16 de agosto. A las 21.30. De 15 a 30 euros.

Fuente: elpais.com

7 ago. 2009

American Ballet Theatre II en Los Veranos de la Villa

La agrupación 'American Ballet Theatre II' (ABT II), integrada por bailarines en proceso de profesionalización y que podrán formar parte del prestigioso American Ballet Theatre, lucirán sus zapatillas por primera vez en Madrid.

Los 14 artistas se presentarán de hoy, mañana y el domingo en el escenario de Puerta del Ángel, dentro del marco del festival Veranos de la Villa.

«En el programa hay coreografías para agradar a todos, desde aquellos que van a ver los 'tutús' hasta los que buscan algo moderno. Sólo no bailamos 'hip hop'», detalló el director artístico Wes Chapman , ex bailarín de la ABT, que antes dirigió el Alabama Ballet y fue bailarín principal del Ballet de Múnich. La compañía ofrecerá piezas de repertorio como el 'Allegro brillante', de George Balanchine, y tres 'pas de deux: 'El corsario', 'Don Quijote' y el adagio del segundo acto de 'El lago de los cisnes'.

AMERICAN BALLET THEATER II
Escenario puerta del ángel (Avda. de Portugal s/n)
Del 7 al 9 de agosto, a las 21.30 h.
Entre 18 y 35 euros

Fuente: elnortedecastilla

Los componentes del American Ballet Theatre II aprovecharon su poco tiempo libre en Madrid para visitar el Museo del Prado. Os adjuntamos un artículo publicado en el diario El mundo referente a ésta visita.

De Ballanchine, a Goya: los bailarines del American Ballet toman el Prado
Aitor Hernández-Morales
Los jóvenes del American Ballet Theatre II (ABT II) generalmente viven rodeados por la belleza sutil del ballet clásico. Pero en sus pocas horas libres en Madrid, han decidido ir expresamente al Museo Nacional del Prado, para ver las obras más perversas de la mente de Francisco Goya y Lucientes.

- "¿¡Qué hace con ese niño!?"
- "¡Creo que se lo come!"
- "¡Qué asco!"

Agrupados ante el famoso Saturno de Goya, los ocho jóvenes disfrutan del espectáculo pictórico. Normalmente, la compañía, compuesta por 14 de los mejores bailarines del mundo de entre 16 y 20 años, se encarga de monopolizar la atención pública. Parecen estar feliz de encontrarse fuera de los focos de luz por unas horas breves.

"Es divertido ser bailarín, pero las giras pueden ser brutales", confiesa Calvin Royal, de 20 años. "Es mucha presión, pero te acostumbras, y esta gira va bien. Llevamos en España algo más de una semana, y hemos estado en Santander, en Girona y justo ayer llegamos a Madrid".

"Sabemos que estar aquí es todo un privilegio", añade Brian Waldrep, de 19 años y con apariencia más propia de un jugador de fútbol que de un bailarín. "Con el ABT II viajamos por todo el mundo, gratis, e incluso nos pagan para que hagamos lo que amamos. Pero no te puedes imaginar de lo que nuestros cuerpos tienen que soportar."

Desde el otro lado de la sala se escucha el lamentar de Katie Boren, de 17 años, ante otra de las Pinturas Negras. "¡El perro en ese cuadro se ahoga! ¡Qué cruel!"

April Giangeruso, de 18 años, parece ser la más familiarizada con el arte español del grupo. Dándose por satisfecha con la obra de Goya, le pregunta al grupo,"¿Y ahora, a por los Velázquez?"

Sacrificio para lograr ser los mejores

Entre el grupo que avanza por los corredores del Prado va Meaghan Hinkis, de 18 años, reciente ganadora de la medalla de bronce en la Competición Internacional de Ballet de Helsinki, el campeonato más importante del mundo del ballet.

"Ha sido un verano bastante movido, pero muy divertido", dice Hinkis, del estado de Connecticut. Lleva bailando desde los seis años. Al conseguir un puesto con el ABT II sus padres supieron reconocer la importancia de esta oportunidad y vendieron la casa familiar, dejando toda una vida detrás para mudarse a Nueva York, donde está basada la compañía, filial directa del American Ballet Theatre (ABT).

"Hay mucho sacrificio, y la verdad es que todos hemos necesitado del apoyo de nuestras familias para llegar a este nivel," dice Courtney Lavine, de 20 años.

A pesar de sus edades, casi todos los miembros de la compañía están independizados y comparten pisos con otros jóvenes en la Gran Manzana, alejados de sus respectivas familias. La mayoría también han completado sus estudios, sea por correspondencia o con tutores privados.

"Vamos a nuestro paso, porque estamos desde las nueve de la mañana hasta las seis de la tarde en clases especializadas del ABT o en ensayos", dice Skylar Brandt, que con 16 años es la más joven de la compañía. "Cursamos todo por correspondencia".

Ante el Descendimiento de Van der Weyden el grupo se queda callado, casi en estado de reverencia.

"Es increíble... Se ve incluso la textura de la ropa... Es como si fuera una fotografía", murmulla Giangeruso.

Ya entre las obras de Velázquez todos coinciden que la infanta Margarita de Las Meninas es adorable; se quedan en estado de shock ante un cuadro de Felipe IV, que insisten tiene la cara idéntica a un compañero del ABT en Nueva York.

Chicos en mallas

Mientras las chicas acuden a la tienda en la ampliación de Moneo, los chicos descansan y hablan de cómo entraron en el mundo del ballet.

"Yo entré tarde, con once años", dice Colby Parsons, un rubio de 19 años. "Mi madre nos decía a mí y a mis hermanos que si seguíamos parándonos con tal mala postura, nos iba a obligar a acudir a clases de ballet. Seguía sentándome jorobado, así que al final me mandó a las clases. Lo que no nos esperábamos es que me gustara tanto."

A pesar de empezar tarde, Parsons ha llegado a ser uno de los bailarines más destacados del ABT II.

A mí me encanta el ballet, y si quieres algo mucho, y trabajas duro, puedes llegar a un buen nivel. Lo bueno es que al haber empezado tan tarde llevo menos tiempo desarrollando las malas costumbres que luego son difíciles de superar."

"Lo que me gusta de ser bailarín es la emoción que sientes cuando estás ante la audiencia", explica Parsons. "Es increíble, y me acuerdo de la primera vez que subí al escenario con 13 años, la primera vez que sentí todo eso... Entonces quise ser bailarín".

Waldrep también dice que la emoción que genera el escenario es lo que le motiva.

"Es un escape. Te olvidas de todo lo que conforma tu mundo, y te enfocas totalmente en el baile. El ballet clásico es la búsqueda de la perfección, y lo genial es intentar llegar lo más próximo a esa perfección. Esa es mi meta, siempre."

Todos coinciden en que ser bailarín y chico a veces no es fácil. Aunque Royal y Waldrep fueron a institutos especializados de artes, Colby sufrió bullying en su bachillerato californiano, que describe como un lugar "totalmente enfocado en los deportes".

"Cuando se enteraron que practicaba ballet los chavales acabaron conmigo. Tuve que dejar a ese instituto y a partir de los 13 años mi madre me empezó a educar en casa".

Royal, por su parte, dice que su familia tardó en tomar el ballet como algo serio en su vida porque era chico.

"Tardaron en notar que esto iba en serio. Pensaban que el ballet era sólo un pasatiempo, pero fue hace un par de años me vieron por primera vez en una presentación del ABT y por fin entonces se dieron cuenta cuánto me enamora el baile. Entonces aceptaron que esto es lo que quiero hacer durante el resto de mi vida".

La meta: el American Ballet Theatre en Nueva York

Todos los miembros de ABT II reconocen que la meta es llegar a ingresar en la compañía profesional del ABT en Nueva York. El proceso es difícil: aunque la gran mayoría de los miembros actuales de la compañía de ABT han pasado por ABT II, sólo admiten nuevos bailarines según las necesidades de cada año - como mucho, entran cinco.

"Son los mejores de los mejores. Es difícil entrar, pero bien vale el esfuerzo," dice Waldrep. "Todos nos sentimos nerviosos cuando pensamos en ello, porque hemos bailado con la compañía muchas veces y sabemos a que nivel están. Muchos dicen que nosotros somos los mejores de nuestra edad, pero después de bailar con los mejores del mundo, la verdad es que todo lo que sientes es humildad".

Parsons y Lavine.

Ante el reto inmediato del estreno el viernes por la noche, en el escenario de Puerta del Ángel, los jóvenes se muestran más relajados.

"Siempre hay nervios, especialmente en una ciudad como Madrid. Las audiencias aquí son muy cultas, y les quieres impresionar. Esta gente sabe de ballet", dice Lavine.

"Hasta ahora la recepción en España ha sido genial - en Girona nos aplaudieron muchísimo, e incluso nos taconearon - pero queremos tener éxito en Madrid, también".

Royal, por su parte, se muestra feliz con el estreno que se avecina.
"Es genial que sea al aire libre. Tener la luna allí definitivamente cambia el ambiente cuando estás bailando el Lago de los Cisnes.

Waldrep añade, "No puedo esperar".

Fuente: elmundo.es

6 ago. 2009

El Real Ballet Sueco en El Escorial

Una selección de primeros bailarines y solistas del Real Ballet Sueco se presentan mañana en el Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial bajo el marchamo Stockholm 59º North.

Un sello que, liberado parcialmente de la rígida estructura del ente lírico, se dedica a la investigación con nuevos coreógrafos y al mantenimiento en repertorio de las obras de sus grandes figuras del siglo XX, y entre las principales, Birgit Cullberg (Nyköping, 1908-Estocolmo, 1999) y su hijo, Mats Ek (Malmö, 1945), quien le sucedió al frente del Cullberg Ballet, la compañía fundada por su madre en 1960 y que se ha convertido en estandarte estético del nuevo ballet sueco. 

Valga decir que fue donde Nacho Duato encontró su primer puesto profesional tras su salida del Ballet Nacional Clásico de España, cuando contaba apenas 20 años.

El Stockholm 59º North cumple una necesaria función, parecida a la que realizan los conjuntos jóvenes adscritos a compañías principales, como ocurre en el Nederland Dans Theater de Holanda (NDT), la Compañía Nacional de Danza de España (CND) o el American Ballet Theatre de Nueva York (ABT); este último podrá verse también desde mañana al domingo en el escenario de Puerta del Ángel dentro de los Veranos de La Villa.

El Real Ballet Sueco solamente ha visitado Madrid con anterioridad hace casi dos décadas, presentando su versión de "La bella durmiente" (Petipa-Chaicovski) en el teatro Nuevo Apolo con inolvidables estrecheces; sin embargo, el Cullberg Ballet sí se ha convertido en un asiduo de las carteleras capitalinas.

El programa que se verá en San Lorenzo de El Escorial tiene una primera parte dedicada a la familia Cullberg. En primer lugar, el paso a dos principal de Pulcinella y Pimpinella, coreografía de Birgit Cullberg de 1982 sobre la partitura original de Igor Stravinski para pequeña orquesta redactada a partir de músicas de Giovanni Battista Pergolesi. Será bailado por Anna Valev y Jan-Erik Wikström.

Le siguen dos piezas de su hijo Mats Ek y ambas son estreno en España
"Apartment" fue creada para el Ballet de la Ópera de París en 2000 y utiliza música de Fläskkvartetten, con decorados y vestuario de Peder Freii. 
La otra pieza, para cuatro bailarines, con el nombre genérico de "Pas de Danse", fue creada para este grupo específicamente en 2004 sobre música de Benny Andersson. 
Ek explora otra vez en ella la convivencia y el aporte del humor como fórmula de alivio y metáfora a los dramas de la vida. La segunda parte de la velada está dedicada a un estreno de 2009 del grupo: Tactile affinity, coreografiada por Pontus Lidberg (Estocolmo, 1977), y vista por primera vez en el Concert Hall de Västerás (Suecia). La música es de David Lang y usa también fragmentos de Philip Glass. Lindberg es una de las jóvenes promesas de la coreografía escandinava, habiendo creado ya piezas para otros conjuntos europeos.

Roger Salas
Fuente: El país

5 ago. 2009

Maria Rovira homenajea a Nijinsky en Barcelona

Como la de otros tantos grandes artistas a los que su genialidad les mostró su cara más amarga, la carrera de Vaslav Nijinsky sólo duró diez años. Tras diagnosticársele esquizofrenia, el bailarín tuvo que renunciar a la danza clásica y abandonarse más de tres décadas a sanatorios de toda Europa.

Sin embargo, aquellos diez años en activo dejaron huella no sólo en la alta sociedad de principios de siglo, que nunca antes había visto semejante portento, sino también en los anales de la danza; ni siquiera Nureyev -el que fue llamado a ser su sucesor- logró el entrechat royal más largo de la historia -cruzaba los pies en el aire hasta diez veces- ni desafiar a la gravedad como Nijinsky lo hizo.

Sus dos facetas más recordadas -su don y su enfermedad- son las que ahora recupera y analiza la coreógrafa Maria Rovira para devolver la danza y su «El salto de Nijinsky» al Romea. «Puro baile y movimiento» para reflexionar sobre las obsesiones de la persona y los roles del bailarín. Entre ellos, algunos memorables como el que hizo en «Giselle» o «Sherezade».

Para escenificar este montaje, alabado por investigar el movimiento y no tanto el concepto, Rovira ha elegido a siete bailarines -cuatro hombres y tres mujeres- que tomarán la esencia de Nijinsky para girar en torno al movimiento y al salto, ejes principales del espectáculo.

La idea, desarrollada por la coreógrafa para el estreno del Grec 2007, parte de la fotografía que le fue tomada al bailarín mientras saltaba y cuando ya hacía veinte años que no se dedicaba a la danza. Aquella imagen, particularmente «misteriosa» y desconcertante, conmocionó a Rovira, y hasta hoy también al público.

Fuente: abc.es

4 ago. 2009

El Ballet de la Ópera de Munich en Madrid


Las primeras figuras de las compañías más reputadas de ballet ruso actuarán juntas hoy y mañana en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, en un concierto único en Europa que se centrará en la 'Suite Paquita', con Maria Alexandrova y Anton Korsakov como principales bailarines.

En la segunda parte del concierto se interpretarán fragmentos de 'El Lago de los Cisnes', 'Bakthti' y 'Adagietto', de Gustav Mahler.

Partes de 'Tchaikovsky pas de deux', 'Maldecidos a amar', 'Raymonda', 'Madame Bovary' y 'Don Quijote' completan el programa de este espectáculo.

Entre los bailarines se cuentan las estrellas rusas de ballet más importantes a nivel internacional: Farouk Ruzimatov, Irina Perren, Elena Kuzmina, Yuri Ananian, Anastasia Yatsenko, Anton Korsakov, Anna Antonicheva, Alexander Volshkov, Maria Alexandrova, Iván Vasiliev y Mark Peretonkin.

"Hace años que se prodigan las compañías de ballet ruso de todo nivel" por lo que se ha extendido la creencia de que "ha bajado el nivel" del ballet en Rusia, "pero no es cierto", explicó la promotora del espectáculo, Belem Altuzarra, que se mostró contenta por haber conseguido llevar a Barcelona a estas "grandes estrellas", porque no es fácil reunirlas y aún menos en época de vacaciones.

El director artístico, Aidar Akhmetov, aseguró que hay "complicidad" entre los bailarines pese a que son rivales, porque todos trabajan para compañías diferentes y de primer nivel, y recalcó que en este 'show' sólo se verá a artistas rusos.

Fuente: europapress

3 ago. 2009

El Corella Ballet en La Granja

El pasado día 1 de agosto, el equipo de Por Alegría pudo disfrutar de la actuación del Corella Ballet en la Real Fabrica de Cristales de La Granja de San Ildefonso.

Fue una noche de estrenos en la que la Compañía brilló como ya nos tienen acostumbrados.
Destacamos sobre todo la coreografía creada por uno de los bailarines de la Compañía, Russel Ducker, que nos dejó impresionados.

Os adjuntamos la crítica del periodista Alfonso Arribas publicada en el nortedecastilla.es , que describe muy bien cómo fué el evento.


Amaneció el día poco alentador. Después de un mes y medio sin ver una sola nube de lluvia por estos parajes, en la jornada anunciada para la apertura del nuevo ciclo de Las Noches Mágicas de La Granja la amenaza de un nuevo chaparrón (empieza a ser una relación casi matemática cuando Corella programa en San Ildefonso) situó el montaje en el alambre. Al final, sólo el frío ocupó asiento, haciendo incómodo pero no imposible el disfrute de la degustación.

Otra circunstancia singularizó la cita. Había mucho de acontecimiento social en esta inauguración, lo que supuso que el patio de la Real Fábrica de Cristales se llenara de curiosos más que de amantes del género, de observadores ocasionales más que de aficionados frecuentes, y eso provocó una cierta frialdad en la acogida, especiada incluso con algún gesto de incomprensión hacia el trabajo de la compañía a la hora de valorar, por ejemplo, las necesarias transiciones entre las distintas coreografías.

Se plantaron estos árboles en medio pero a muchos no les impidieron ver un bosque realmente delicioso, un repertorio diseñado con gusto, comprometido con la variedad que tanto gusta en los festivales de estío y ejecutado con la solvencia que ya se supone a una compañía tan joven en el más amplio sentido de la palabra.

La cita propició nada menos que el estreno mundial (en ocasiones este adjetivo se utiliza con intención hiperbólica, pero en este caso es meramente descriptivo) de una coreografía horneada en el seno del Corella Ballet Castilla y León: 'Epimetheus'. Firmada por un jovencísimo integrante del grupo, el inglés Russell Ducker, la obra es un bello ejercicio de plasticidad con aires contemporáneos y un toque panteísta, de conexión con la naturaleza y el universo. Epimetheus es uno de los satélites de Saturno y los bailarines adscritos al montaje evolucionaron sobre el escenario con esa ingravidez y ductilidad que imaginamos reina allí fuera.



Se apuesta por un coherencia temática y visual, apoyada en el vestuario de los protagonistas y en un fondo de pantalla sideral, y por una danza armónica, repleta de perspectivas y alimentadora de movimientos muy diversos generados desde la naturalidad. Siendo aún un retoño, la coreografía me pareció encantadora y muy apetecible.

Antes de eso, un semiestreno (acaba de llegar de Perelada, donde se ha incorporado al repertorio). Se trata de la primera obra firmada por el propio Ángel Corella para su compañía, 'String Sextet', con música de Tchaikovsky. Aquí el fondo es más terrenal, tanto como la vieja y alegre ciudad de Florencia, que sirve de contexto para un montaje más clásico que el anterior, una carta de presentación que superó muchas expectativas.


Cuerpo de baile pometedor

Alguna disonancia hubo en este inicio, pero sirvió para demostrar que el cuerpo de baile promete y para recordar cuáles son los valores que han alzado a Corella al estrellato internacional. Se exhibió en sus giros vertiginosos, en sus saltos poderosos y en esa simpatía indisimulada que contrarresta la carga de tensión muscular que exige la interpretación. Los números colectivos dejan imágenes de ensueño, formaciones de estética eficaz que dan esplendor al conjunto.

Y cerró la noche, ya de madrugada, la puesta en escena de 'Fancy Free', coreografía creada por Jerome Robbins sobre una espectacular obra musical de Leonard Bernstein. Danza narrativa para desarrollar un cuadro argumental simple que constituye una prueba para la capacidad actoral con la que deben completar su formación los profesionales de la danza, ya que sin una convincente incursión en la comedia la pieza no funcionaría. Y funciona.

Tres marineros atracan en escena con la jovialidad incandescente. Pronto dos damas interrumpen su conversación de taberna y en torno a ellas los jóvenes ejecutan una larga ceremonia de seducción que resulta muy divertida. Con aires de musical, Joseph Gatti, Iain Mackay y Ángel Corella se marcaron unos alardes repletos de gracia y técnica que, esta vez sí, arrancaron algunas ovaciones espontáneas entre el respetable.

Aún así, creo que el trabajo de la compañía mereció un punto más de entusiasmo, del reconocimiento que merece un residente por derecho en el Olimpo de la danza y su ciclópeo proyecto artístico y formativo.


Fuente: nortedecastilla.es
Fotografía: Paloma Novillo